sábado, 22 de octubre de 2011

Esas lecciones Fatales...



                                                    


Siempre he amado cocinar... y aquí por favor noten que digo CO CI NAR... no lavar trastes, no alzar todo, no limpiar hornos estufas, etc. lo cual no quiere decir que no lo haga, pero de ahí a que me guste, bueno... el trecho es grande. Cocinar es para mi, entregarse a esa mezcla de sabores, de olores,  de colores, de temperaturas, y provocar una estimulación sensorial que, desde mi muy humilde y Fatal opinión, es solo comparable al sexo...
Imaginen por ejemplo un plato de vegetales grillados en la parrilla... Esos rojos y amarillos de los   pimientos, los verdes de las calabazas, el morado intenso de las berenjenas irrumpiendo en nuestras pupilas mientras palpamos su piel, su textura, si son carnosos o no, y el filo del cuchillo penetra en ellos haciendo que salgan sus jugos que se impregan en los dedos,  el olor del ajo en el aceite de oliva el sonido de los vegetales crujiendo en la parilla   --¿ya mencioné que todo esto debe acompañarse de una copa de un buen vino y música que inspire?...No me digan que no les provoca.
Hace varios años tomé las mejores lecciones de cocina con una mujer maravillosa que se llama Lourdes, pero muchos conocemos como "La cocinera atrevida".  Ella y Felipe su marido acababan de cambiarse de casa pues tras haber vivido en Tepito algunos años, en donde Felipe apoyaba el movimiento del "Arte Acá" el "Barrio Bravo" se había convertido en un lugar no tan seguro ni tranquilo para vivir, especialmente por las noches... Así fue que llegaron a la col. Portales y a la calle de Necaxa ; adquirieron una especie de pequeña vecindad en la que había habitaciones que flanqueaban un pasillo y este remataba en un patio con  un pequeño jardín que fue convertido en parcela de especias por La Cocinera al minuto dos de haber desempacado sus cosas. Al fondo quedaba la casa. Era pequeña pero acogedora, un chaise long  donde se podían ver libros y revistas bajo un techo de cristal en una especie de recibidor-invernadero  era lo primero que se veía al entrar a la casa y después una pequeña sala y el comedor y en el medio sobresalía un maravilloso armario hindú de esos que tienen cajoncitos que se abren por todos lados y despiden olor a sándalo y otras maderas finas.
La cocinera es una mujer divertidísma, culta y cachonda por la gracia de Dios quien, como yours truly, había estudiado en una escuela de señoritas "bien"...  pasando sus años de infancia y adolescencia en el Colegio Francés para después estudiar letras, y  casarse con Felipe otro personaje... un artista plástico que lleva en los ojos esa pasión de hacer las cosas que a uno le mueven desde el alma.
La Cocinera Atrevida escribía para el periódico Reforma y edición tras edición hacía reseñas gastronómicas, recordaba recetas y nos divertía e ilustraba con sus relatos. Su columna aparecía siempre coronada por una viñeta, que si no mal recuerdo, Felipe le había hecho con la típica imagen mexicana de un rebozo que dos palomas sostenían en el pico por los extremos y en el que se podía leer la sabia leyenda "A la mesa y a la cama, solo una vez se llama".

Así pues se imaginarán con que gusto  un grupo de mujeres profesionistas del mundo de la comunicación, el periodismo y la publicidad nos reuníamos a cocinar cada sábado, a discutir, intercambiar ideas y a tratar de arreglar el mundo mientras picábamos cebolla, salteábamos ajos o saliamos a la parcela por un poco de albahaca y tomillo frescos siguiendo instrucciones de las recetas que estaban escritas más o menos así:
                
                  Caldos, fondos de consomé y otras delicias...
Mi abuela decía que toda cocinera decente, que se precie de serlo, ha de conocer los secretos para obtener los mejores sabores en un caldo que servirá infinitas recetas maravillosas...

¿Ven?, entienden ahora por qué digo que fueron las mejores clases del mundo... no era por que nos haya enseñado técnicas perfectas de cocción, ebullición y recetas que solo en Pujol harían, ¡no!, era la magia que desplegaba con su natural desparpajo para decorar el flan de queso y arándanos azules con pétalos de rosas, su manera de decir  -la receta indica 3 cucharadas pero yo le pongo 5 por que amo ese sabor...  su literaturización de las recetas y sus comentarios y anotaciones culturales a cualquier platillo o cocina de la que se estuviera hablando eso, esa maravillosa combinación ayudó a hacer de mi la cocinera común que hoy escribe relatos sensuales queriendo ser un poco atrevida.

La Cocinera Atrevida marcó mi vida quizá sin saberlo por que me enseño que por más recetas y técnicas mágicas que existan la mejor cocina está dentro de nosotros, está llena de sensibilidad, de sensualidad y de placer y solo es cuestión de dejarla salir...

Gracias Lourdes... gracias


Felices reflexiones...

2 comentarios:

  1. Si que eres buena en esto!!!! Prácticamente pude oler el tomillo y la albaca mientras leía esto te quiero le Fatale

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