jueves, 16 de enero de 2014

Pupilas del pasado...

Caminaba de prisa, como siempre lo hacía, con pasos pequeñitos y la cabeza en alto; el aire de la tarde  meneaba su pelo siempre despeinado, su vestido volaba, las botas hacían ruido con los tacones altos que sonaban en la acera y sus muchas pulseras titilaban con la luz de la tarde que caía.
Iba a dar el siguiente paso y de pronto sintió que alguien la miraba, giró sobre su pies y al voltear la cabeza se encontró con sus ojos. Esos ojos de antaño, quizá un poco más viejos y siempre un poco raros. Sus ojos escarchados como ella los llamaba.
  Lo vio frente a frente y en sus pupilas brillantes se reflejaron los momentos compartidos que guardaban y en un instante  mágico volvieron a sentir las almas conectadas. 
Entonces le sonrió y meneó la cabeza de esa forma tan suya y él le sonrió a su vez dándole  esa mirada pícara y descarada y bajando la cabeza como si saludara momentos que habían sido tan solo de los dos y nadie recordaba.
Sin dejar de sonreír giró sobre sus pies y siguió su camino. Él se quedó parado, la siguió con la mirada hasta verla perderse en medio de la gente, cruzó la calle silbando, entró a su oficina y el día continuó como si nada...



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